jueves, 28 de junio de 2012
148 / MUJERES EN EL BAÑO
jueves, 21 de junio de 2012
147 / EL BELLO SAN SEBASTIÁN
jueves, 14 de junio de 2012
146 / EL INVIERNO DE NUESTRO DESCONTENTO
Esta obra de
Lorenzale es una de ellas. Se titula El
invierno y su contenido, al par que simple y escueto, resulta
intrigante. Una figura femenina aparece flotando en el espacio, bajo un cielo
plomizo, sólo roto por un pequeño claro. La figura está totalmente envuelta en
varias prendas de abrigo, holgadas y voluminosas que cubren por completo el
cuerpo femenino, salvo los ojos. Todo lo que esta mujer tiene que decir tiene
necesariamente que expresarlo a través de la mirada. Con esmero se tapa la boca
con el grueso manteo, para evitar que el frío reinante le irrite la garganta.
Imposible percibir una mano, un pie y ni siquiera la forma del contorno del
cuerpo, un hombro o una cadera. Sólo los ojos nos miran interrogándonos y
sugiriéndonos que, para combatir el frío exterior, nada mejor que encender el
fuego interior, el fervor del corazón, el calor de la religiosidad y la
devoción, el volcán de la piedad y el amor a lo divino.viernes, 8 de junio de 2012
145 / LAS HILANDERAS DE MIGUEL ÁNGEL


jueves, 31 de mayo de 2012
144 / LA ODALISCA DE MARRAS
domingo, 6 de mayo de 2012
143 / EL FARO DE ALEJANDRÍA
El faro, que aparece
al lado en monedas y grabados antiguos, ha sido tradicionalmente considerado la segunda de las
maravillas del mundo antiguo, junto
con los jardines colgantes de Babilonia, las pirámides de Egipto, y algunas
otras hasta siete. Últimamente se
comenta que han sido hallados los restos de la ciudad de Alejandría, a no sé
cuántos metros bajo las aguas del Mediterráneo. Si se encontrasen los cimientos
del edificio, tendríamos la certeza de que al menos existió; con el tiempo la
imaginación humana se ha ido encargando de idealizarlo y de crear fantásticas
leyendas sobre él, sus usos y sus funciones.viernes, 20 de abril de 2012
142 / LOS FANTASMAS DE GAUGUIN

Paul Gauguin era agente de bolsa y llevaba una vida desahogada cuando decidió abandonarlo todo para hacerse pintor. Tras pasar muchas dificultades económicas –igual que su amigo Vincent Van Gogh-, decide marcharse a las islas de los Mares del Sur, a Tahítí y posteriormente a las Islas Marquesas, a la búsqueda de un paraíso que –esto lo descubrió más tarde, próximo ya a su muerte- no existía en ningún sitio y sólo estaba en su fantasía.
Toda la técnica pictórica que había adquirido en Francia a fuerza de entusiasmo y de trabajo la aplica en la representación de los mitos y de la vida de los nativos a los que en Europa llamaban salvajes o primitivos. “Yo mismo soy un salvaje”, había asegurado el pintor. Basta leer su librito Escritos de un salvaje para comprobarlo.
El pareo, que tanta importancia tiene en la vida de una chica tahitiana, le sirve como sábana, y el pintor le da un tono amarillento porque la tela está tejida con fibra vegetal de corteza y porque quiere crear un ambiente de iluminación artificial. La adolescente tiene la mirada perdida y observa de reojo y con temor ante algo hasta ahora desconocido. Desea esconderse pero, al mismo tiempo, no quiere perderse nada. La funda del colchón trae a la mente el recuerdo de las grandes flores que pintaba en Francia su contemporáneo Odilon Redon con colores puros y vibrantes. Él las quiere amarillas porque así, en contraste con el color violeta del fondo, completarán el acorde musical.

Sin duda podemos calificar a Gauguin como el padre del Simbolismo, pues fue el primero que cargó sus figuras y sus colores de contenidos simbólicos, más allá de la simple apariencia exterior. Y lo fue explicando en sus numerosos escritos. El cuadro Manao Tupapau representa literariamente, según él, el espíritu de un alma viva unido al espíritu de los muertos. Y plásticamente, una armonía de naranja y azul, unida por amarillos y violetas y surcada por chispas verdosas...
Las autoridades le hicieron la vida imposible, porque hablaba otro lenguaje –el suyo propio- y porque se atrevió a abandonarlo todo para intentar ser libre. Un pecado imperdonable en aquel tiempo. Quo vadis, Gauguin?, -le decían. Y él sólo contestaba con su obra. Lo dicho: un auténtico salvaje…









