jueves, 21 de julio de 2011

106 / MUCHACHA ANTE EL ESPEJO


El ostentoso cuerpo desnudo nada en una vorágine de curvas y círculos que son rostros, vientres y senos. Esta mujer, joven y hermosa, se está mirando en el espejo oval de su alcoba. Tiene la pared de su dormitorio decorada con papel pintado que presenta motivos de rombos y puntos de colores intensos, casi hirientes, muy años 60 y muy estilo hippy. Está embarazada, como sugiere ese círculo equidistante de la curva del vientre y la de las nalgas. Algo se está formando en silencio en su interior, una cálida forma redonda en expansión. Como una señal de tráfico que grita: Stop. Ocupado. Prohibido el paso.

Con ambos brazos agarra el espejo y esa postura potencia la redondez mórbida del pecho que se refleja frontalmente, devolviendo a nuestra mirada una imagen carnosa y frutal. Otra fruta más grande aún semeja ese amplio círculo del vientre, situado en la parte inferior del cristal. El rostro está formado por dos medias lunas complementarias, lo que nos permite verlo simultáneamente de perfil y de frente, en un prodigio espacial que inauguró Picasso en sus primeros cuadros cubistas, a principios del siglo XX.

La melena rubia tiene forma de hoja al viento. Los labios son otra fruta madura y el colorete potencia la salud de sus mejillas. Viste sólo una escueta blusa a listas rojas y negras que apenas consigue cubrir sus curvas y redondeces. La tela listada se prolonga hacia la derecha y penetra en el espejo. Con ella entramos al otro lado, al misterio del alma gemela, a la realidad del doble embarazo, el real y el reflejado. El espejo de Alicia recrea y reconstruye, desde una visión artística y diferente, la plenitud de la muchacha en flor. Un simple cristal azogado nos devuelve la imagen de la forma primigenia, el huevo primitivo, el zigoto cósmico del que todo procede, bajo una serie de listas verdes que, con estructura de punta de flecha, nos dirigen al pecho nutricio, a la fuente de la vida, al manantial de la energía y del éxtasis.

La muchacha sigue mirándose, ajena a su belleza, sin llegar a percibir del todo dónde radica su embrujo de joven, de mujer y de embarazada... Picasso, fauno y devorador insaciable de vírgenes adolescentes, acecha escondido detrás del espejo. Quizás la víctima aún no está preparada para el sacrificio. Pero la espera la convierte, sin duda, en algo infinitamente más apetecible. Aquí están concentrados el bodegón frutal de Caravaggio, los sueños sombríos de Rembrandt y la luz inabarcable de Velázquez, entre otros, todo en un conjunto indefinible.

Esta obra se encuentra en el MOMA –Museum Of Modern Art- de Nueva York y allí espera tu visita... Allí estuvo también muchos años su hermano el Guernica. Cosas de la Historia…

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